Ni estuve tan cerca de casarme, de hecho, es una historia muy mala y sin sentido, pero me acordé de ella al ver una encuesta de la pordiosera burguesa y pensé que sería bueno documentarlo antes de que se me olvide por completo.
En mayo del año pasado (todavía no creaba este blog), vivía la segunda mejor temporada de mi vida. Me encontraba en esa etapa que algunas relaciones tienen en la cual todo es genial, no hay discusiones, ni diferencias, ni paranoias, ni celos sofocantes y piensas que aunque todo lo demás esté jodido, pues no lo estás tanto porque hay alguien que te apoya en cierta medida.
Mis ideas con respecto al matrimonio siempre han sido (y siguen siendo) que es algo innecesario, sin sentido. El matrimonio es solo un contrato y no necesito que mi interés por convivir con otra persona sea avalado por alguna institución pública o algún funcionario-burócrata-derrama-hueva. Ella tenía (o tiene, I’m not quite sure) más o menos la misma idea, por lo tanto, el hablar de matrimonio esa siempre en tono burlón.
En una ocasión, hablábamos de lo innecesario que era ese documento, y se me ocurrió la genial idea de mencionar que si tan poco nos importa ese documento, por qué no jugamos con él? Por qué no nos casamos y desafiamos al sistema, mostrándole lo poco que nos importa? (sí, mis ideas subversivas siempre son muy confusas). Sería divertido enmarcarlo y colgarlo en una pared con algún comentario gracioso, o cortarlo en tiras de 10 cm de ancho y usarlo como papel de baño…
El tema quedó en nuestras cabezas por días, y se convirtió en una conversación recurrente. Pensamos más a fondo. Buscar en internet lo que se necesita. La primer situación que me empezó a dar hueva fue lo de los testigos. Testigos? Cualquier homeless que pasara por ahí sería bueno, pero aún así, ya habíamos contemplado a unos amigos que podrían estar más o menos de acuerdo con la locura.
En determinado momento, sentí un poco de miedo. Ese puto papel que ni siquiera existía aún y en el cual, no creía, me estaba dando miedo. Adquirió un poder enorme sobre mí y me daba pena a mí mismo. Cada paso que avanzaba me iba intimidando más y más. Empecé a darle cierto valor en mi cabeza. Me sentía estúpido, fuera de mi mismo. La situación la sentía cada vez más en serio y menos burlona (a lo mejor solo era mi mente jugando conmigo, pero por un momento, pensé que ella había cambiado de opinión y en verdad iba a ser algo serio (pero si había bastantes pruebas de ello, así que si fue mi mente la que jugaba, aprovechó muy bien las coincidencias que obviamente no quiero relatar ni recordar).
No pudimos conseguir una copia de su acta de nacimiento (las existentes serían difíciles de conseguir debido a que se encontraban en otro estado (estado político, no estado de la materia). La idea se pospuso hasta nuevo aviso.
No hubo nuevo aviso.
Después de esa experiencia, decidí que pues ni madres, eso de la matrimoniada no es para mí, pero no me molesta que la demás gente lo haga, sus razones han de tener.
Pero bueno, el matrimonio, además de meterte como estadística en algún conteo de población, podría servir en casos muy específicos, porque nosotros como humanos idiotas, no sabemos nada de nada y a la mera hora, uno quiere separarse y si tienes pertenencias o hijos, pues tienes que ver como te los vas a dividir con el otro o la otra, y ahí tienes que ir a chillarle a tu abogado y a algún otro funcionario-burócrata-derrama-hueva para que no mueras en el intento. Claro, esto en caso de que quieras seguir el estándar social.
O sea, innecesario.

1 mamadas:
Jajajaja... me gustó la idea contra-matrimonio.
Luego, en un principio, me encantó la idea de casarse como protesta. Sería chido presumirle a tus amigos tu acta de matrimonio real con valor kermesse.
Pero 30 segundos después pensé también en las consecuencias legales.
Una vieja mal pedo te quita todo. Que bueno que (ni de cerca) fue el caso.
Publicar un comentario en la entrada